
Menuda jugada la de Sucker Punch. Cuando parecía que lo de Tsushima había tocado techo, va y te planta un sucesor espiritual que no se anda con chiquitas. Ghost of Yotei nos manda 300 años más tarde, a la salvaje Ezo (la actual Hokkaido), y nos mete en la piel de Atsu, una mercenaria con una lista de seis nombres tatuada a fuego en la memoria y ganas de tachar. Nada de samuráis con complejo de honor: aquí se viene a cobrar deudas de sangre, y punto pelota.
El esqueleto lo reconoces al segundo: mundo abierto que quita el hipo, duelos de posturas donde un parpadeo te cuesta la cabeza, y ese viento chivato que sustituye al minimapa como brújula del alma. Pero Sucker Punch no se ha dormido en los laureles. Ahora Atsu maneja un arsenal completo -katana, doble sable, lanza, kusarigama y hasta un trabuco que escupe plomo- y cada arma cambia por completo el baile del combate. Es el mismo perro con collar nuevo, sí, pero muerde el doble.
Visualmente es de esos juegos que pones en modo foto y te olvidas de avanzar. Los arces rojos flameando al atardecer, la nieve que se apelmaza bajo las botas, el barro, la ceniza de las hogueras... el motor de Sucker Punch exprime PS5 como una naranja. Y el modo Kurosawa vuelve, faltaría más, para que te marques un peliculón en blanco y negro con grano de cine japonés de los 50. Chapó.


Lo mejor es que Sucker Punch te suelta la mano de verdad. Nada de iconos vomitados por el mapa: aquí sigues rumores en las tabernas, cazadores que te sueltan pistas, zorros que te guían a santuarios y ese viento que te empuja hacia lo interesante. Ezo se siente viva, peligrosa y tuya. Te pierdes tres horas persiguiendo una leyenda y ni te acuerdas de la misión principal. Eso, señores, es diseño de mundo abierto con dos dedos de frente.
No todo es sake y pétalos. Si vienes de Tsushima, la sensación de deja vu es innegable: la estructura es prima hermana y a ratos huele a más de lo mismo con lifting. La IA enemiga tampoco es para tirar cohetes y algún duelo se resuelve con más maña que cerebro. Pero son motas de polvo en una armadura reluciente. Cuando la producción es de este calibre, se le perdona casi todo.
Porque en Webby Consolas no nos vale con descargarlo y ya: aquí se abre la caja, se huele el manual y se juzga el plástico. Esto es lo que te llevas a la estantería.
Dos maneras de llevártelo a casa en formato físico, que es como Dios manda. Elige cartera.

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