ANÁLISIS · EDICIÓN FÍSICA

Agárrate al volante, chavalería, que esto no es el enésimo circuito cerrado de siempre: Milestone, la gente que lleva años haciéndonos rasgar el asfalto con los MotoGP y los Hot Wheels Unleashed, se ha sacado de la manga su PRIMER Hot Wheels de mundo abierto y el resultado huele a plástico recién sacado del blíster. La idea es tan noventera que dan ganas de aplaudir con las orejas: coges esas pistas naranjas de toda la vida, las repartes por un mundo gigantesco a escala 1:64 y te dejan sueltos para que hagas el cafre por donde te dé la real gana. Nada de esperar en la parrilla: aquí se conduce libre, se salta de la pista al suelo y se vuelve a subir sin pedir permiso a nadie.
El invento va de esto: recorres cuatro islas temáticas cargaditas de rampas, loopings imposibles y atajos suicidas, y en cualquier momento puedes bajarte del raíl naranja y campar a tus anchas por el escenario como el juguete que eres. Que ves un trampolín tentador, pues te lanzas; que quieres cortar por el jardín, pues cortas. Milestone ha entendido que la fantasía Hot Wheels de toda la vida era precisamente esa, la de montar el circuito por encima de la mesa del comedor y ver el bólido volar hasta el suelo, y la han convertido en videojuego sin cortarse un pelo.
Y ojo al garaje, que hay tela: más de 150 cacharros para coleccionar entre coches trucados, motos que van como balas y monster trucks capaces de aplastar lo que se les ponga por delante, cada uno con su forma de comportarse. Súmale el editor de pistas para montarte tus propias barbaridades, el multijugador a pantalla partida para hasta cuatro colegas en el sofá y el crossplay online, y tienes un pack que apunta directo al público familiar sin renunciar a la salsa arcade. No reinventa la rueda —nunca mejor dicho—, pero la hace girar con mucha gracia.


Técnicamente el juego entra por los ojos: el brilli-brilli del plástico, los reflejos en la carrocería y esa sensación de estar corriendo dentro de un anuncio de juguetes de sábado por la mañana están clavados, y en Switch 2 se defiende mejor de lo que muchos temían. Donde patina un poco es en la chicha: la conducción es divertida y directa, pero simplona para el veterano con callos, la banda sonora cumple sin pegar ningún puñetazo en la mesa y, pasado el subidón inicial, el mundo abierto se repite más que el ajo. Es un arcade de licencia, honesto, apañado y familiar, ni la obra magna del año ni el truño que algunos vaticinaban.
En resumen: si en tu casa hay peña menuda dando la brasa o simplemente te va el pique arcade sin complicaciones, Infinite Rush te va a sacar una sonrisa de oreja a oreja durante un buen puñado de tardes. Si buscas simulación seria o un mundo abierto con la profundidad de los grandes, aquí te vas a quedar con hambre. Nosotros lo ponemos en su sitio: un notable justito, cumplidor y con carisma naranja de sobra.
En Webby Consolas no analizamos vapor: si no hay caja que meter en la estantería, no hay fiesta. Así que hemos destripado el físico de Infinite Rush con lupa noventera.
Recordatorio para el comprador espabilado: la Day One en caja (con los cuatro packs de DLC) sale en PS5 y Xbox Series, pero NO en Switch 2. En la híbrida de Nintendo el físico es la Edición Estándar en cartucho; Deluxe y Ultimate son solo digitales en todas las plataformas. Aquí no te la cuelan.

- Juego en formato físico (disco en PS5/Xbox Series, cartucho en Switch 2)
- Pack Boost'n'Slide con 2 vehículos exclusivos
- Acceso completo al mundo abierto y al editor de pistas

- Juego base en formato físico
- Pack Boost'n'Slide
- Pack Feel the Heat
- Pack Power & Pace
- Bone Shaker Skeletor Edition
- OJO: no disponible en Nintendo Switch 2
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