ANÁLISIS · EDICIÓN FÍSICA

Cerramos la ración de clásicos top de Switch que nos ha pedido el jefe con el más grande de todos. Breath of the Wild no es solo el mejor juego de la consola: es el título que obligó a media industria a rehacer sus deberes. Antes de 2017, mundo abierto significaba mapa con 400 iconos y torres que escalar por obligación; después de Hyrule, significa libertad de verdad. Casi una década y una secuela después, sigue sin haber nada exactamente igual, y la edición mejorada para Switch 2 lo ha devuelto a las estanterías por la puerta grande.
La propuesta sigue siendo radical: Link despierta sin recuerdos, recibe una tabla con cuatro poderes y una misión —derrota a Ganon— y a partir de ahí, apáñatelas. ¿Quieres ir directo al castillo en pelotas con una rama? Puedes, y hay locos que lo han hecho en menos de media hora. ¿Prefieres perderte 200 horas cocinando, cazando santuarios y escalando cada montaña porque sí? También. El juego nunca te dice por dónde, y en esa confianza ciega en el jugador está su magia.
La física y la química son el verdadero motor del invento: el fuego quema, el metal atrae rayos, el frío congela y todo se combina con todo. Cada problema tiene quince soluciones y ninguna es la 'oficial'. Los 120 santuarios funcionan como pequeños puzles de ingenio donde las herramientas son las leyes de la física, y todavía hoy se descubren trucos nuevos que ni Nintendo había previsto. Eso, casi diez años después, sigue siendo ciencia ficción de diseño.
¿Y cómo luce en 2026? El apartado artístico, ese cel shading acuarela, ha envejecido infinitamente mejor que cualquier fotorrealismo de su época. En la Switch original sigue funcionando dignamente, y la Nintendo Switch 2 Edition en físico borra de un plumazo sus únicos pecados técnicos: adiós al framerate tembloroso del Bosque Kolog, hola resolución decente y cargas exprés. La leyenda, remasterizada por la puerta grande.


Lo mejor es esa sensación de descubrimiento que ningún juego ha replicado igual: el mundo de Hyrule está diseñado para premiar la curiosidad pura, sin marcadores, sin sopas de iconos, sin migas de pan. La banda sonora minimalista de piano, que tanto desconcertó al principio, resulta ser la decisión perfecta: Hyrule suena a soledad hermosa.
Lo peor, que también lo hay: las armas se rompen con una alegría que sigue generando debates conyugales, las mazmorras principales (las cuatro Bestias) palidecen frente a los templos clásicos de la saga, y la historia se cuenta en recuerdos opcionales que se sienten más finos que el hilo de un shrine quest. Son manchas pequeñas en un cuadro gigantesco, pero son.
¿Veredicto? El juego más influyente de los últimos quince años y una obra maestra sin matices que todo el mundo debería jugar al menos una vez en la vida. En Switch clásica es imprescindible; en Switch 2, además, es precioso. Si los top de Switch fueran un monte Olimpo, este sería Zeus, y ni Ganon lo discute ya.
Una leyenda, dos cajas: el cartucho original de 2017 y la flamante Switch 2 Edition. Análisis forense.
Dos ediciones en tiendas: el cartucho original de Switch y la Nintendo Switch 2 Edition mejorada.

- Juego completo en cartucho de Nintendo Switch
- Caja estándar con el arte icónico de Link en la meseta

- Juego base con mejoras de Switch 2: resolución superior, framerate estable y cargas rápidas
- Caja estándar de Switch 2 con banda superior roja
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