ANÁLISIS · EDICIÓN FÍSICA

Trece años. TRECE AÑOS llevábamos esperando un Rhythm Paradise nuevo, desde aquel Megamix de 3DS que ya era un recopilatorio. Y de repente, sin hacer ruido, Nintendo suelta Groove en pleno julio como quien deja un flan en la mesa y se va silbando. Pues bien: el flan está delicioso, y es probablemente el juego con el que más hemos sonreído en lo que va de año.
Para el que venga nuevo: Rhythm Paradise es una colección de minijuegos rítmicos donde haces cosas absurdas al compás. Traducir a un mono intérprete, afeitar cebollas con precisión quirúrgica, ensamblar robots en una cadena de montaje que va a ritmo de funk… Todo con temazos producidos por Tsunku, el legendario productor japonés que lleva desde Game Boy Advance poniendo bandas sonoras a estas locuras. La premisa es simple: escucha, marca el ritmo y no pienses demasiado, porque pensar aquí es el camino más corto al desastre.
Groove trae más de cien juegos rítmicos entre nuevos y clásicos remasterizados, un modo historia con más personajes carismáticos que muchos RPG de 200 horas, y un multijugador local que debería recetarse en la seguridad social contra el mal humor. La curva de dificultad es traicionera: los primeros compases los pasa hasta tu abuela, pero conseguir el rango Perfecto en los niveles finales exige un oído absoluto y la paciencia de un monje tibetano.
En lo técnico, el estilo visual es un dibujo animado limpio y colorido que funciona perfecto en la Switch original: nada de alardes, todo personalidad. Y ojo al detalle importante: el sonido de este juego ES el juego, así que hazte un favor y juega con auriculares o con la tele bien alta, porque el retardo de según qué barras de sonido bluetooth puede arruinarte la experiencia entera.


Lo mejor de Groove es su alegría contagiosa: es imposible jugar diez minutos sin que se te escape la sonrisa de tonto, y los temas de Tsunku se te meten en el cerebro con alevosía y permanecen ahí durante semanas. El multijugador en el sofá es oro puro, y el precio por debajo del estándar de Nintendo es un detalle que no pasa desapercibido.
Lo peor: si el ritmo no es lo tuyo, la frustración puede ser real, porque el juego no perdona ni media corchea y algunos picos de dificultad son de llorar. Además, unos pocos minijuegos clásicos empiezan a acusar la edad en su cuarta reencarnación, y el modo historia, aunque simpático, es más fino que el papel de fumar.
¿Veredicto? Una joya rítmica que llevábamos más de una década esperando y que justifica por sí sola desempolvar la Switch original. Nintendo cierra la generación de la híbrida con uno de sus juegos más puros: sin mapas abiertos, sin crafteo, sin épica. Solo ritmo, absurdo y felicidad en cartucho.
Nintendo publicando en cartucho para la Switch de toda la vida: esto ya es coleccionismo vintage anticipado.
Edición estándar en cartucho para Nintendo Switch. Compatible con Switch 2, por cierto.

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