
High On Life siempre ha sido un juego que divide a la gente en dos bandos irreconciliables: los que se parten con un cuchillo que no para de hablar de sus traumas y los que a los diez minutos quieren tirar la consola por la ventana. High On Life 2 no viene a reconciliar a nadie. Viene a subir el volumen. Squanch Games ha cogido su formula (shooter en primera persona con armas parlanchinas, humor improvisado y una densidad de chistes por minuto que roza el delito) y la ha hecho mas grande, mas larga y considerablemente mas ruidosa.
La premisa sigue siendo la de un cazarrecompensas cani espacial que sobrevive gracias a un arsenal de bichos sensibles llamados Gatlianos, cada uno con su personalidad, sus manias y su necesidad imperiosa de comentar todo lo que haces. Kenny, Gus, Sweezy y compania vuelven, y a ellos se suman caras nuevas con mecanicas propias. La gracia es que las armas no son solo armas: son herramientas de movimiento, llaves de puzzle y, sobre todo, companeros de piso que no se callan mientras intentas apuntar.
Y ahi esta la trampa de la saga: cuando funciona, funciona de maravilla. El gunplay es solido de verdad, mucho mas de lo que el envoltorio de coña sugiere. Encadenar el gancho de Sweezy con un salto y reventar a tres alienigenas en el aire mientras tu pistola te cuenta que su ex no la valoraba es una sensacion que no da ningun otro shooter. El diseno de niveles ha mejorado bastante respecto al primero: hay mas verticalidad, mas secretos y menos pasillos disfrazados de mundo.
El problema, como siempre, es la metralleta de chistes. Squanch escribe por acumulacion: suelta cuarenta gags con la esperanza de que doce cuelen. Cuando cuelan, te descojonas. Cuando no, tienes a un cuchillo gritandote referencias durante dos minutos mientras tu solo querias leer un cartel. No hay boton de silencio para el humor, y hay tramos en los que se agradeceria uno del tamano de un plato.


Lo mejor es que, por debajo del ruido, hay un shooter de verdad. La movilidad es excelente, las armas tienen peso y personalidad mecanica (no solo verbal) y los jefes obligan a usar todo el arsenal en lugar de camperear con la escopeta. El apartado artistico sigue siendo una fiesta de mal gusto deliberado: mundos saturados, alienigenas repulsivos y una direccion de arte que no se parece a nada. Y la version de Switch 2 aguanta el tipo mejor de lo que temiamos, con un rendimiento estable que no era obvio en una consola portatil.
Lo peor, ademas del humor a presion, es que la estructura sigue siendo repetitiva: coge encargo, ve al planeta, mata al jefe, vuelve. A las quince horas ya has visto el truco. Y la version de Switch 2 llego con casi cinco meses de retraso respecto al resto, lo cual escuece cuando ya te has comido todos los spoilers.
Conclusion: si el primero te hizo gracia, este te va a encantar y le vas a meter treinta horas. Si el primero te dio dolor de cabeza, este te va a provocar una migrana con aura. Es uno de los pocos juegos donde la nota depende literalmente de tu tolerancia al ruido, y nosotros, que tenemos el aguante justo, le hemos cogido carino a base de reirnos a nuestro pesar.
Aqui es donde a Webby Consolas se le hincha la vena. Preparad el cafe.
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