
Si echas de menos los tiempos en los que un juego de coches no te pedía un máster en telemetría para pasártelo bien, agárrate al volante, que #DRIVE Rally viene a rescatarte. Tras petarlo en PC desde abril de 2025, la pequeña joya de los polacos Pixel Perfect Dude da el salto a consolas (PS5, Switch y Xbox) y, lo más importante para esta casa, lo hace con edición física gracias a Meridiem. Es arcade rally de la vieja escuela, de los que entran a la primera y enganchan a la décima.
La propuesta es directa como un derrape a tumba abierta: la esencia del rally de los 90, con su estética redonda y achaparrada tan cuca, su grano de polvo y ese sabor a era dorada del motor. Tienes 25 coches legendarios (con nombres de coña tipo Das Holzwagen o The Doggo), más de 600 km de tramos repartidos en seis localizaciones que van de la Finlandia nevada a los desiertos de EE.UU., y un puñado de copilotos con personalidad propia que te van cantando las curvas con más o menos paciencia.
En lo jugable, el sistema de conducción es la estrella: fácil de coger, endiabladamente difícil de dominar. Aprender a encadenar derrapes, frenar en el punto justo y bordar un tramo entero da un gustazo tremendo, y el modo carrera con sus campeonatos te va soltando coches nuevos para que no sueltes el mando. Hay modo fiesta local para hasta 12 colegas por turnos, free roam con coleccionables, leaderboards globales con fantasmas guardados y un modo foto para presumir de derrapes en redes.
No es un simulador ni lo pretende: es puro vicio arcade pensado para que sonrías, y ahí da en el clavo. La curva de aprendizaje está medida con mimo, el apartado artístico noventero es un amor y la sensación de mejorar tramo a tramo engancha como pocas. Es de esos juegos modestos pero redondos que no salen en las portadas de los AAA, pero que acaban robándote más horas que el bombazo de turno. Y encima ahora lo puedes lucir en físico.


¿Lo mejor? Que es diversión arcade pura y sin tonterías: el modelo de conducción es una gozada, la estética noventera entra por los ojos y el subidón de bordar un tramo difícil es de los que enganchan de verdad. Por cuatro duros te llevas un arcade rally con un montón de contenido, modo fiesta para echar risas con los colegas y ese encanto retro que ya quisieran producciones diez veces más caras. Una sorpresa muy agradable.
¿Lo peor? Que es modesto y se le nota: no esperes la potencia gráfica de un Dirt ni una campaña interminable, y a quien busque simulación seria con setups y reglajes esto le sabrá a poco. El catálogo de coches y tramos, aunque generoso, acaba conociéndose, y el pico de dificultad de los últimos campeonatos puede frustrar a los menos mañosos al volante. Detalles menores en un conjunto la mar de majo.
Conclusión, piloto de polvareda: #DRIVE Rally es una pequeña delicia arcade que demuestra que para pasárselo bien no hacen falta cuarenta gigas ni un presupuesto de Hollywood. Si te tira el rally accesible y la nostalgia noventera, es una compra de cabeza, y más ahora que llega en físico con su Special Edition de Meridiem. De esos caprichos baratos que acaban siendo el juego al que más vuelves. Chapó por el indie.
Que un indie así salga en físico ya es para celebrarlo, y encima Meridiem se lo ha currado con una Special Edition con detallitos. Pasamos revista:
Meridiem publica la Special Edition física para PS5 y Switch en tiendas especializadas europeas, con extras incluidos:

- Juego en formato físico (PS5 / Switch)
- Pegatinas y artbook
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